Campos fumigados, vecinos afectados

La Universidad Nacional de Córdoba (UNC) reveló un estudio que indica que las personas que viven más cerca de las zonas donde se aplican pesticidas, corren un mayor riesgo de padecer enfermedades asociadas a intoxicaciones crónicas. Las afecciones de tipo ocular, cutáneas y dolores de cabeza se ubican entre las más frecuentes.

El estudio del Instituto Superior de Estudios Ambientales (ISEA) de la UNC, realizado en Morrison, al sureste de la provincia de Córdoba, relevó las principales variables socioambientales que permiten caracterizar el riesgo ambiental en la mencionada localidad. Morrison se caracteriza por ser una zona donde el cultivo de soja y maíz representan la principal actividad económica.

 

“Cuánto más próximo se está, más riesgoso resulta para la salud”, comenta Cristina Arnulphi, directora del proyecto, en relación al uso de pesticidas y a la acción de estos sobre el cuerpo humano. Arnulphi trabajó acompañada por un grupo interdisciplinario de la UNC, compuesto por médicos, psicólogos sociales y estudiantes avanzados de la universidad.

El equipo de trabajo implementó una encuesta ipedemiológica en 169 hogares, lo que representa el 20% de la población. Uno de los principales resultados revela la existencia de una relación funcional entre el número de personas que manifiesta síntomas de enfermedades asociadas a intoxicaciones crónicas o subagudas (así como la frecuencia de estos síntomas) y la distancia que los separa de los campos pulverizados con agroquímicos.

La investigación demuestra que entre las afecciones más frecuentes, se ubicaron las de tipo ocular, las cutáneas y los dolores de cabeza. También se detectó una elevada proporción de recién nacidos con bajo peso (12,5 por ciento) y de nacimientos antes de término (13,8 por ciento), cifras sensiblemente superiores a las registradas en el resto de la provincia (7 por ciento y 7,8 por ciento, respectivamente).

Del total de personas encuestadas, la mayoría reside en la misma casa hace más de 60 años, y se encuentran ubicados a menos de 150 metros de las áreas fumigadas. Además, resulta destacable que los casos de cáncer aumentaban cuando más cerca se estaba de esas áreas. “Esto demuestra que fueron las prácticas agrícolas las que avanzaron sobre la ciudad y no a la inversa”, sentenció la directora del proyecto.

 

Fuente: UNCiencia (Candela Ahumada)

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