Hacer esculturas del árbol caído

Se está desarrollando un proyecto en el primer Jardín Botánico de la FAUBA que tiene como objetivo contribuir a la revalorización y restauración de ese espacio a través del arte. Trabajan "tallando" la madera en el lugar y tiene como objetivo contectar la naturaleza con el arte.

Una mujer de madera, sentada. Un animal que parece de historieta. Figuras abstractas. Imágenes indefinidas. En el primer Jardín Botánico de Agronomía se está desarrollando un lugar artístico para conectarse y desconectarse, para recrear, para disfrutar. El objetivo, tomar conciencia de la importancia de conectar la naturaleza, el arte y la educación.

“Tallamos las esculturas in situ. Algunos de los troncos eran parte de una tipa de más de cien años, que cayó después de una tormenta. Con los demás escultores pensamos que, en general, los parques deberían tener más cantidad de esculturas públicas. Este proyecto nos dio la posibilidad de mejorar y preservar ese espacio que tiene árboles de mucho interés botánico”, cuenta Marina Omacini, investigadora y escultora.

El proyecto es llevado adelante por diez escultores que trabajan hace más de un año, bajo la coordinación de Juan Carlos Visconti. El grupo, conformado por Andrea Birgin, Marcos Buono, Carolina Gallucci, Susana Lamberti, Marina Omacini, Juan Carlos Piqueras, Marina Tamara Román, Ignacio Sánchez y Lilian Zonta, comenzó a tallar en el Jardín Botánico histórico de la facultad esculturas a partir de troncos caídos en el parque.

“Todos aportamos desde distintos saberes y experiencias. Cada uno eligió el tronco que quería, empezamos a hacer bocetos y surgió la idea de trabajar en conjunto, lo que es muy poco común en arte. Fue todo un desafío”, agrega.

Las obras están pensadas para que el ciudadano elija su función. Pero lo más interesante del proyecto es la incertidumbre de saber qué impacto generará en las personas que transiten por agronomía. Los escultores consideran que estas obras pueden cambiar la actitud de la gente y su relación con el medio.

“Creamos un espacio donde los vecinos eligen qué hacer, porque son esculturas participativas. La idea es que cuando la persona se acerca a ese lugar le cambie su modo de acción”, explica Marina.

Los escultores comenzaron a trabajar en abril de 2012, reuniéndose los fines de semana y feriados. Tallar allí los troncos permitió que los vecinos apreciaran las actividades y las herramientas, y generaran vínculos entre ellos y los artistas.

“Hasta hace poco no veía de qué manera se podía relacionar el arte y mi actividad como docente en la FAUBA. En vez de hacer leña del árbol caído, nosotros hacemos esculturas. Esta es una práctica que puede propagar la apertura de la mente y la estimulación de los sentidos, algo que una enseñanza de calidad debe propiciar. Y como dijo Juan Carlos Visconti en su discurso de inauguración: esto recién comienza”.

Investigar y Tallar, dos pasiones compartidas

Marina Omacini es licenciada en Ciencias Biológicas y doctora en Ciencias Agropecuarias. Además de trabajar como docente en la Facultad de Agronomía y de investigar en el CONICET, hace obras de arte.

“Creo que el arte es un espacio de creatividad muy importante, que despierta otros intereses. Complementa mi actividad y me permite desconectarme del trabajo”, afirma.

Cuando tenía tan sólo dos años, comenzó a incursionar en el mundo de la cerámica. Y lo mantuvo durante sus estudios primarios y secundarios. Pero debió abandonar en el momento de seguir con la carrera universitaria.

“Cuando terminé la facultad empecé a trabajar en la FAUBA, y fue en ese momento cuando busqué cómo encontrarme con la escultura. Me encanta partir del cuerpo humano. Desestructurarlo y deformarlo en una figura abstracta”.

Para Marina, trabajar con las manos es su cable a tierra. Y necesita de esa descarga para enfrentarse con la hoja, la piedra o el tronco “en blanco” y empezar algo nuevo.

Como escultora e investigadora, Marina asegura que existe un vínculo entre el arte y la ciencia, una relación desde el punto de vista creativo.

“Busco crear utilizando mis manos. Creo que es ahí donde se ponen en contacto la ciencia con la escultura no sólo por esa cuestión creativa, sino también por la pasión que me despierta. No puedo parar hasta no lograr lo que quiero, sea una investigación o una obra de arte”. (Fuente: Fauba / Texto: Agustina Cavalanti)

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